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16.10.06

El pecado II

PARA INTERPRETAR CORRECTAMENTE EL SIGUIENTE TEXTO RECOMIENDO LEER ANTES:

· EL PECADO I


- Quiero verte. Vení a casa que estoy sola – dijo.

Colgué el teléfono y me recosté sobre el respaldo del sillón, al mismo tiempo que me fregaba los ojos con las palmas de las manos. Giré y después de esos segundos que tarda la vista en hacer foco, me vi en el espejo grande que está en la pared lateral del estudio. Estaba sonriendo.

Y si. Había esperado mucho ese momento. El motivo por el cual me despertaba día a día, el juego de seducción de meses se acababa. Estaba a punto de dar sus frutos, se consumaba. Con todas sus implicancias.

Como no iba a tener ninguna manera de explicar el por qué de mi auto estacionado en su cochera, decidí caminar las diez cuadras que nos separaban. Creo que no fue acertada mi decisión. Esa caminata no hizo más que “maquinarme” acerca de lo que estaba por vivir. Después de la segunda cuadra estaba decidido a arrinconarla ni bien me recibiera. Cuando crucé la quinta creía que lo mejor era dejarla tomar la iniciativa. En la octava juré que no le iba a tocar ni un pelo sin antes hablar un poco de nosotros. Cuando llegué a su puerta estaba convencido de que todo esto era parte de su juego y que lo único que ella quería era una aventura. Con esa idea instalada, toqué el timbre.

Ese minuto que tarda en bajar del quinto piso me pareció una hora. Traté de adivinar el numerito en el display del ascensor pera palpitar su llegada. Pero no lo distinguía bien. Hasta que apareció.

Los cinco metros que caminó desde el ascensor a la puerta me alcanzaron para mirarla bien. Vestía una musculosa blanca y un jean. En los pies tenía unas chatitas marrones. Su pelo rubio estaba recogido en casi su totalidad; sólo unas mechas estaban intencionalmente sueltas. Ella brillaba. Lo juro. Me encantaba. La amaba.

- Qué rápido que llegaste – dijo después de saludarme con un beso en la mejilla. Dudé si no habría corrido esas diez cuadras. Sinceramente estaba muy perturbado. A mi me había parecido una eternidad.

- Te parece? Si pasaron como…- dije mientras miraba el reloj – …dos minutos desde que llamaste! – Y largamos los dos una carcajada. La mía por nervios. La de ella, supongo, por cortesía.

Por primera vez en la noche me sentía realmente nervioso. Cualquier cosa que hacía me parecía mal. Tenía miedo.

Subimos al ascensor. Mientras cerraba las puertas y antes de pulsar el “5” me volvió a la cabeza la idea de que todo esto fuera su capricho. Entonces llegué a la conclusión de que era mejor que nos hubiésemos tratado con cierta distancia. Podríamos hablar un poco acerca de nosotros. Me di vuelta y cuando iba a hacerle algún comentario sin sentido para amenizar el ascenso, se me tiró encima y me dio el mejor beso que alguien me haya dado hasta entonces.


- CONTINUARÁ –

   

Blogger La Viuda de Cobain dijo...

me enamoré...

pero... cómo aaseguraba que era su capricho?.. qué sabía el de los verdaderos sentimientos de ella?.. naa no se vale juzgar antes de , lo mejor que pudo pasar fue que el la buscara. deci que no le partió la boca a besos desde que abrió la puerta.

siempre querés lo que no podes...

16/10/06 14:27  
Blogger Romi dijo...

muy buen warm up para la historia.. cuando bajé para seguir leyendo y vi k quedaban dos líneas quise seguir leyendo.. quiero la tercer parte!
besosss!

18/10/06 19:13  
Blogger Uralita dijo...

esperando el pecado III.

20/10/06 19:13  
Anonymous Anónimo dijo...

Where's Act III?

7/11/06 14:25  

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